Territorio Neolítico. Las primeras comunidades campesinas en la fachada oriental de la península Ibérica (ca. 5600-2800 cal BC)






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Publication: Complutum
Author: Oliver, Bernat Martí
Date published: January 1, 2010

Gabriel García Atiénzar. Territorio Neolítico. Las primeras comunidades campesinas en la fachada oriental de la península Ibérica (ca. 5600-2800 cal BC). BAR International Series 2021, Oxford, 2009, 279 pp. 978 1 4073 0596 7.

Este libro corresponde al cuerpo principal de la tesis doctoral del autor, dirigida por el profesor Mauro Hern ández y defendida en la Universidad de Alicante en 2007. Aborda los cambios protagonizados por las primeras sociedades agricultoras en la franja de territorio comprendida entre los ríos Júcar y Segura a lo largo de un período de casi 3000 años, desde el Neolítico Cardial hasta el Eneolítico, tratando de aportar una nueva lectura de la documentación arqueológica. Como muestra el correspondiente anexo, el total de yacimientos considerados alcanza los trescientos setenta, en parte inéditos, sobre los que puede consultarse una información más detallada y la bibliografía de referencia en la base de datos disponible en internet (García Atiénzar 2009). La obra constituye, pues, una aportación documental de gran importancia sobre los grupos neolíticos de la región central de la fachada mediterránea de la península Ibérica, territorio que ha sido objeto de una intensa investigaci ón desde mediados del s. XX, como ejemplifican para los momentos más antiguos la Cova de l?Or o la recién publicada Cova de les Cendres; o, para el Neolítico final y Eneolítico, los poblados de Jovades, Ereta del Pedregal o Fuente d?Isso.

Del extenso repertorio de datos aportados por estos yacimientos, se priman aquellos relativos a su entorno medio-ambiental, especies cultivadas, animales domésticos o silvestres, o sobre las materias primas disponibles en el área. A través de su análisis se dibuja ante nosotros un espacio paulatinamente ocupado por poblados, cuevas de habitación, cuevas-redil, cuevas sepulcrales y abrigos con arte rupestre, lo que permite plantear distintas hipótesis sobre el modo y el tiempo de los cambios en los patrones de habitación y explotación del territorio, cambios que serían el reflejo de las transformaciones sociales y económicas operadas en el seno de los grupos neolíticos. Los mapas de distribución de los yacimientos nos ilustran sobre el modo en que se produjo la implantaci ón y expansión de este poblamiento. No pueden obviarse, sin embargo, las limitaciones de la documentaci ón disponible, pues dos terceras partes de los yacimientos corresponden a los poblados y cuevas de cronolog ía eneolítica y sólo una cuarta parte del total ha sido objeto de trabajos de excavación. Ello, sin duda, matiza el alcance de las hipótesis que ahora podamos plantear aunque no la consideración del trabajo como base y referencia obligada para futuras investigaciones.

La propuesta de marco teórico y el examen de las informaciones que acabamos de mencionar dan paso al encuadre de la zona de estudio en el ámbito mediterrá- neo. Las dataciones absolutas, la cultura material, singularmente las decoraciones cerámicas, y las evidencias de la economía productora, estrechan las conexiones entre los pequeños poblados neolíticos de este área desde los inicios del VI milenio a.C. De oriente a occidente, el proceso de escisión en las comunidades agricultoras, como consecuencia del crecimiento demográfico, motivar á su expansión por las zonas costeras. El libro nos lleva hasta la Italia adriática y su facies de la cerámica impresa. Se trata de la más antigua cerámica neolítica que alcanza la Italia suroriental hacia el 6000 a.C., proviniendo de la opuesta costa de la Grecia noroccidental y de la Albania meridional (Pessina y Tiné 2008: 43). Si siguiéramos hacia el Oriente, el Neolítico antiguo de Grecia nos mostraría la directa vinculación de este proceso con los colonos de origen levantino o sudanatólico, pero constatando que aquí todos los poblados poseen un tamaño semejante y acogen una población sensiblemente inferior a la de las grandes aldeas del PPNB, careciendo de santuarios y de evidencias sobre una posible jerarquizaci ón entre los asentamientos. C. Perlés ha destacado que es una nueva forma de sociedad la que se crea en Grecia, tal vez como ruptura voluntaria con aquellas sociedades del PPNB, porque, en palabras de M. Özdogan, parecería que al extenderse hacia el oeste, estos grupos de colonos se han llevado con ellos todos los aspectos de su cultura excepto la autoridad central. El recorrido continúa por el sur de Italia y Sicilia, la costa del Mar Tirreno y sus grandes islas, la Liguria y costas meridionales francesas, hasta alcanzar Cataluña. La bibliografía consultada es exhaustiva y el análisis minucioso. Queda claro que el modelo habla de un proceso que se extiende paso a paso por las orillas y las islas del Mar Mediterrá- neo, de este a oeste y de norte a sur, refiriéndose exclusivamente a los inicios del Neolítico en las distintas zonas. Del conjunto de la documentación sobre cultura material, actividades económicas, manifestaciones simb ólicas y entorno natural, se infiere para el conjunto de las culturas de las cerámicas impresas del Mediterráneo occidental un modelo de ocupación y explotación del territorio basado en granjas o aldeas dispersas en zonas costeras y cuencas fluviales, de breve duración, en las que las actividades productoras se complementan con la caza y la recolección.

En el caso de las comarcas valencianas la parte fundamental del estudio también se dedica a la zona ocupada por esta misma cultura ?cardial?, zona calificada en ocasiones de ?nuclear?, y a su posterior evolución/expansión por territorios adyacentes, llamados pericardiales y postcardiales. ?La consolidación del Grupo Impreso Cardial coincide con la fase de estabilización y expansión territorial de la Cerámica Impresa en el sur de Italia (facies Guadone). El registro cerámico y las dataciones radiocarb ónicas hablan de un proceso expansivo de corta duración (2-3 siglos) que afecta a buena parte del Mediterr áneo occidental, aunque no de manera homogénea sino concretándose en determinados puntos: áreas costeras, valles fluviales o zonas endorreicas en las que, adem ás, no se observa una presencia mesolítica previa. Este fenómeno de expansión pionera aparece vinculado a una serie de facies cerámicas de clara raigambre itálica que hunden sus raíces en los distintos grupos arqueológicos asentados en las costas tirrénicas y adriáticas? (p. 227). Las relaciones de filiación entre los dos complejos culturales son evidentes, de modo que el grupo cardial significa la consolidación de las comunidades neolíticas tras una fase de asentamiento pionero, que se vincularía a aquellas otras facies iniciales determinadas en puntos de la costa noroccidental mediterránea. Por lo que se refiere al cardial, junto a los hábitats al aire libre, las cuevas desempeñan un papel como centros ceremoniales, hábitats, cazaderos o rediles, mientras que los abrigos con Arte Macroesquemático se relacionan con las vías de paso y los núcleos de poblamiento de las diferentes comarcas, apelando a la existencia de centros ceremoniales de carácter tribal que reforzarían la cohesión y las relaciones de reproducción social.

Tras un lapso de tiempo, durante el que se ocupan nuevos valles dentro de las comarcas centromeridionales valencianas y en los que se incrementan las cavidades destinadas a la estabulación del ganado, la colonización alcanza las cuencas fuera del territorio cardial. En el tránsito entre el VI y V milenio a.C., el denominado territorio pericardial comprende la cuenca alta y media del Júcar, cuya colonización queda evocada por el arte rupestre de influencia macroesquemática, los valles del Vinalopó y parte media del Segura, con presencia de elementos cardiales recientes/epicardiales, y también la alta cuenca del Segura. Las sucesivas fases que asociamos a los contextos arqueológicos postcardiales y al Eneolítico verán la continuidad del proceso hasta mediados del milenio siguiente, cuando la ocupación del llano, manifestada por los poblados y las cuevas de inhumación múltiple, afecta de manera más o menos densa a todos los territorios analizados.

Como hemos mencionado, el autor nos propone la existencia de una fase pionera que precedería a la representada por las cerámicas con decoración cardial, aquella que había sido identificada en la base de las estratigraf ías de la Cova de l?Or y de la Cova de les Cendres. Esta facies aparece en el libro de la mano del yacimiento del Barranquet, en el que se recuperó un pequeño lote de cerámicas de características distintas a las del primer nivel de Or y Cendres: notable presencia de una decoraci ón formada mediante la impresión y arrastre de una punta, semejante a la decoración denominada sillon d?impressions, junto a otras decoraciones impresas entre las que se incluyen las cardiales. Los paralelos más cercanos serían Peiro Signado y Pont de Roque-Haute en el sur de Francia, hasta enlazar con los yacimientos ligures, singularmente con la cueva de Arene Candide, en la que se ha definido un primer horizonte impresso y un segundo caracterizado por las impresiones cardiales. De este modo, el yacimiento del Barranquet plantearía la cuesti ón de si pudo darse aquí una situación semejante a la descrita para la Liguria y el sur de Francia, a saber, una fase neolítica de origen mediterráneo pero anterior al Cardial, a pesar de que las dataciones indicarían que debió ser muy breve.

El recorrido de García Atiénzar por la diversidad de las facies iniciales de las riberas del Mediterráneo muestra la viabilidad de tales propuestas, y el hecho de que su examen se detenga apenas sobrepasamos el río Segura sugiere un proceso unidireccional, de norte a sur. Esta exclusividad del camino septentrional ha sido cuestionada en la bibliografía reciente, sobre todo a partir de algunas dataciones que aproximan, si no igualan, los horizontes iniciales del Neolítico en el este y sur peninsulares, cual es el caso de la cueva de Nerja. De modo que, por una parte, la posibilidad de una facies pionera relacionada con el mundo ligur parece repetirse en otros yacimientos, como Mas d?Is, a la vez que, por otra parte, algunas dataciones sugieren que aquella no sería la única línea de relación o de influencia que confluiría aquí en los momentos iniciales del Neolítico. J. Bernabeu y Ll. Molina han valorado la relación con la Italia meridional antes citada a través de la presencia en la fase inicial de Cendres de un vaso con un motivo ramiforme pintado en rojo, fase VII en la que el dominio corresponde a las técnicas cardiales y los relieves. Los paralelos de la técnica y el motivo nos llevan hacia la zona centro-meridional de Italia, la misma dirección en la que apuntarían algunas cerámicas decoradas por impresión pivotante o rocker de diferentes matrices, procedentes de los niveles inferiores de Or. De modo que el conjunto de materiales atribuibles a esta primera fase ?no puede relacionarse únicamente con el mundo ligur. El rocker no cardial y las cerámicas pintadas sugieren la presencia de otros actores en este proceso, ligados al ámbito suditaliano. Su llegada a la península Ibérica exige la participación del norte de África...? Multiplicidad de relaciones y de las consiguientes facies iniciales que estos autores extienden al conjunto de la península Ibérica, con la posibilidad de que el impulso inicial de la neolitización se debiera ?a la aparición/colonización de ciertas regiones, no sólo costeras, por parte de grupos ligados a la impresa mediterrá- nea en cualquiera de sus facies?, a través de diversas vías, incluyendo el N de África. De modo que la diversidad visible en los conjuntos cerámicos posteriores, los propios de la segunda mitad del VI milenio a.C., ?sería el resultado combinado de la distinta filiación de los actores presentes en esta fase ?formativa?, su peso relativo y las interacciones que pudieron darse entre ellos y de éstos con los grupos mesolíticos vecinos? (Bernabeu y Molina 2009: 201). Así pues, con independencia de la participación o no de la vía africana, el modelo de colonizaci ón de la Península por parte de pequeños grupos a través de las costas y de las islas del Mediterráneo significa que las conexiones pueden establecerse entre espacios distantes, como se ha propuesto recientemente para la relación entre Pont de Roque-Haute y la isla de Giglio, lo que implica tanto la posibilidad de espacios vacíos intermedios, como de movimientos en distintas direcciones, incluyendo los de sur a norte.

En la imagen de la facies neolítica inicial el segundo convidado, siquiera sea ocasional, es el posible sustrato mesolítico. García Atiénzar nos recuerda que en la zona cardial no habría mesolíticos previos y que lo mismo pudo suceder en áreas inmediatas de acuerdo con la lectura de la secuencia de la Cueva Cocina propuesta por O. García Puchol (2008). Las consideraciones de Juan- Cabanilles sobre la limitada territorialidad de la llamada fase B del Epipaleolítico geométrico se cumplirían en los territorios aquí estudiados. Cuestión diferente es que, sin documentación fehaciente, una parte significativa de las alternativas planteadas al modelo mediterráneo desde zonas interiores peninsulares sigan apelando a un substrato poblacional que permanece oculto. Los problemas sobre la fase C parecen, pues, continuar abiertos (Juan- Cabanilles y Martí 2007).

El presente libro forma parte de la intensificación de los estudios neolíticos peninsulares en los últimos años y muestra con claridad y exhaustividad cómo el encaje del primer Neolítico de las comarcas meridionales valencianas, sea cardial o se adscriba a una facies impresa inmediatamente anterior, está en el mundo mediterráneo. Denominaciones como zona ?nuclear?, o como periodo ?formativo ?, no han de hacernos olvidar que se trata de grupos plenamente productores desde muchas generaciones anteriores. Ytal vez nuestro reto principal en los próximos años será ahondar en la documentación ofrecida por la excavaci ón de los poblados, cada vez más numerosos, con el precedente destacado de la Draga, para avanzar en el conocimiento de su implantación en el territorio, estructura social, posible jerarquización o tantas otras cuestiones sobre las que más bien parece que nos remitimos a lo que pudiera ser una formación tribal ideal y no tanto a hipótesis derivadas de la documentación que poseemos. Si durante décadas sólo Casa de Lara fue una excepción en una cultura de cuevas, examinar el libro de García Atiénzar nos permitirá evaluar la profundidad del cambio producido.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

BERNABEU, J.;MOLINA, LL. (eds.) (2009): La Cova de les Cendres (Moraira-Teulada, Alicante). Marq, Alicante.

GARCÍA ATIÉNZAR, G. (2009): Territorio Neolítico. Catálogo de yacimientos. http://gabrielgarciaatienzar. wordpress. com/

GARCÍA PUCHOL, O. (2005): El proceso de neolitización en la fachada mediterránea de la península Ibérica. Tecnolog ía y tipología de la piedra tallada. BAR IS 1430, Oxford.

JUAN-CABANILLES, J.; MARTÍ, B. (2007): La fase C del Epipaleolítico reciente: lugar de encuentro o linea divisoria. Veleia, 24-25: 611-628.

PESSINA, A.; TINÉ, V. (2008): Archeologia del Neolitico. L?Italia tra VI e IV millennio a.C. Roma.

Author affiliation:

Bernat Martí Oliver

SIP-Museu de Prehistòria de València

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