LA GLOBALIZACIÓN Y SU RENOMBRE

Resumen: La mayoría de estudios sobre la Globalización poseen un enfoque sociológico. Desde esta perspectiva las causas que originan la Globalización se han relacionado con los avances tecnológicos. Sin embargo, esta explicación es insuficiente desde el punto de vista de la Ciencia Política y el estudio de las relaciones de poder. Para explicar el origen del proceso de globalización actual, desde el ámbito de la política, debemos identificar qué decisiones políticas pusieron en marcha el proceso y porqué se tomaron dichas decisiones. Palabras clave: Globalización, proceso de globalización, Consenso de Washington, globalización financiera. Globalization and its rename. Abstract: Most studies on globalization have a sociological approach. From this perspective, the root causes of globalization have been linked to technological advances. However, this explanation is insufficient from the standpoint of political science and the power relationss study. To explain, in politics, the origin of the process of globalization, we must identify which political decisions did possible the process and why these decisions were taken. Keywords: Globalization, the globalization process, the Washington Consensus, financial globalization.






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Date published: October 1, 2011

En primer lugar, debemos definir muy claramente el concepto de Globalización. La versatilidad de este término ha terminado por generar una profunda confusión, incluso entre los científicos. Coloquialmente hablamos de la Globalización dotándola de una personalidad y por tanto de una capacidad de acción. Por ejemplo: "La Globalización está causando desigualdades". Este hábito es el responsable de la confusión, ya que la Globalización no es un agente, sino un proceso evolutivo o un desarrollo histórico, si se quiere. El concepto, Globalización, representa algo similar al concepto, "Renacimiento" o "Belle Epoque". No puede ser responsable de nada, ya que tan sólo es el período de tiempo en el que transcurren una serie de acontecimientos históricos que por sus características puede considerarse que comparten el mismo conjunto de causas.

Por tanto, no es la Globalización quien actúa, sino una serie de actores internacionales o nacionales que con su interacción originan los fenómenos que componen el sistema internacional y al que por un determinado período de tiempo hemos acordado por nombrar: Globalización. Desde mi punto de vista, identificaré a la Globalización como el período histórico que sucede al de la Guerra Fría y es en el que nos hallamos actualmente inmersos. Por ello, debemos ajustar el origen de este período histórico al final de la Guerra Fría, es decir a la caída del bloque soviético. Podemos tomar como referencia simbólica la caída del muro de Berlín en 1989, que marca el inicio de los acontecimientos que llevan hasta la desaparición de la Unión Soviética en 1991.

Para mayor precisión debemos establecer una distinción entre el concepto de Globalización y el de "oleadas globalizadoras1" que se han sucedido a lo largo de la Historia. Con respecto a las oleadas globalizadoras, los historiadores coinciden en identificarlas, en el último milenio, en torno al siglo XIII, XVI, XIX y la actual2. Sin embargo, el concepto de Globalización se originó referido al momento actual y por ello me parece pertinente la precisión. Por tanto, hay que delimitar las características que pueden diferenciar a la Globalización del resto de oleadas globalizadoras previas en el tiempo.

Estas características vienen dadas por las facultades propias del "proceso de globalización". Debemos distinguir a este otro concepto y lo consideraremos como el término para referirnos al conjunto de cambios que caracterizan a la actual oleada globalizadora. El proceso de globalización es un proceso evolutivo económico, político y social que se desarrolla en el período histórico de la Globalización. En este proceso evolutivo confluye la acción de los diferentes actores globales que interactúan en una dinámica molecular en la que surgen focos de actividad, normalmente en torno a grandes ciudades, que son centros de producción o distribución y que están conectados entre sí por vías de comunicación3. Esta dinámica da lugar a fuerzas múltiples que se entrecruzan, a veces contrarrestándose y otras veces reforzando tendencias conjuntas. Este proceso tiende a expandirse por diferentes dinámicas internas: de tipo económico, por cuanto genera demanda de inversión y consumo, generando beneficios económicos; de tipo social y político, por efecto contagio e imitación de otros modelos de desarrollo "más exitosos" o por asimilación forzosa.

Si bien, cada oleada globalizadora traza su propio proceso de globalización, todas tienen características similares como la progresiva "aceleración del tiempo". Es decir, la aceleración del ritmo de vida, a medida que se reducen las distancias espaciales y varían las estructuras económicas y políticas4. Las principales características que diferencian a este proceso de los anteriores son la intensidad en la compresión del espacio y el alcance de la simultaneidad temporal. Debido al desarrollo de los transportes y las tecnologías de las comunicaciones, los actores comparten un ámbito espacial reducido y una misma secuencia temporal5. La principal característica que define a la Globalización, por tanto, es la interdependencia que se ha desarrollado en el planeta en las últimas décadas, debido al desarrollo de las tecnologías de la comunicación.

De nuevo, es preciso aclarar que esta acotación temporal del concepto no niega la existencia de procesos similares en las oleadas globalizadoras precedentes. Como suele corresponder a estos procesos, el actual se ha visto favorecido por un largo período de ausencia de grandes conflictos bélicos y estabilidad política6. Durante la Guerra Fría, la estabilidad provenía del equilibrio de poder entre las dos superpotencias y en la Globalización proviene del liderazgo indiscutible de Estados Unidos. Sin embargo, a medida que el sistema internacional transita hacia un orden multipolar, en el que varias potencias ganan poder y Estados Unidos cede terreno, el equilibrio del orden internacional se hace más inestable7.

Este fenómeno se ha estudiado bajo el enfoque de distintas disciplinas científicas. Desde la Sociología, se ha puesto el acento en la revolución tecnológica y las transformaciones que ha operado en la sociedad. Se percibe a la revolución electrónica y digital de la segunda mitad del s. XX como análoga en relevancia a la Revolución Industrial de finales del s. XIX y la de la primera mitad del s. XX. En términos similares, este nuevo desarrollo, sobre todo de las comunicaciones, está dando origen a una nueva edad histórica subsiguiente a la Edad Moderna en la que los actores sociales ubicados en diferentes puntos espaciales, comparten el mismo momento temporal8.

Desde el punto de vista de la Ciencia Política y el estudio de las relaciones de poder, la explicación que ofrece la Sociología no es completa. La revolución tecnológica puede explicar subsecuentes cambios sociales, pero no es identificable como causa de una serie de decisiones políticas que fueron las desencadenantes del proceso de globalización. Para explicar el origen del proceso de globalización actual, desde el ámbito de la política, debemos identificar qué decisiones políticas pusieron en marcha el proceso y porqué se tomaron dichas decisiones. Intentaremos cumplir con este objetivo a lo largo de las siguientes páginas.

La aldea global y la ampliación del proceso de globalización

El triunfo de Estados Unidos en la Guerra Fría y el advenimiento de la época de la Globalización fue percibida por muchos como el resultado natural del progreso histórico, como el pináculo de la civilización occidental y por ende mundial. El proceso de globalización se identificó, por tanto, como un paso más, inevitable, en el proceso evolutivo de la modernización. La racionalidad y el desarrollo de la tecnología fueron vistas como el motor de este proceso de globalización. Los principios de racionalidad técnica, competitividad económica y libertad participativa política fueron las bases filosóficas del nuevo ordenamiento del sistema internacional.

El proceso de globalización fue incentivado por los avances en las comunicaciones y aceleró las relaciones transnacionales. Aparte de los Estados, las corporaciones9 y ONGs10 podían contactar y establecer relaciones con similares o individuos particulares en cualquier parte del mundo sin pasar por el control de los Estados. A través de redes de todo tipo se conectaron lugares, sociedades e individuos de todo el mundo, generando un crecimiento considerable de la interacción social a nivel global. Es decir, a nivel social se produjo la penetración en formaciones sociales preexistentes de las relaciones sociales y de los dispositivos institucionales globales.

En cuanto al desarrollo de las comunicaciones y la difusión de la información, la convergencia de las innovaciones tecnológicas en los campos de la informática, de las telecomunicaciones y de los medios audiovisuales fue una de las causas para la masiva distribución de la información a escala global. Otra causa fue la desregulación masiva de las telecomunicaciones en el mundo entero, lo cual aceleró la circulación de la información. Nunca tal cantidad de información había estado disponible tan fácilmente y de manera casi gratuita. Por lo que se habló en la Globalización de la sociedad global de la información.

La irrupción de internet marcó un momento histórico en los años noventa. Diseñado en los años sesenta como una red de vinculación con objetivos militares y más tarde científicos, internet pasa a ser un vínculo entre individuos en general. El desarrollo de la web en 1990 modificó las condiciones de acceso a la información y permitió a cualquier individuo un acceso sencillo a la información almacenada y enviar mensajes. En 1994 el primer navegador aceleró la velocidad del tráfico y poco a poco los buscadores se hicieron más precisos. Finalmente, las conexiones de alto rendimiento permitieron transferencias de datos cada vez más voluminosas. La última innovación fue el acceso a través de los teléfonos móviles.

La sociedad de la información redujo las distancias pero no las anuló. Persistió una gran brecha entre el centro y la periferia11 del sistema global a la hora de ubicar a los usuarios de las nuevas tecnologías de la información. El mapa tecnológico del mundo delata una geografía con contrastes. Los nodos de las redes de internet públicas o privadas, que permiten las interconexiones, están presentes en los grandes núcleos urbanos del centro del sistema global, que por lo general, agrupan los centros de almacenamiento de datos y los servidores. Principalmente, se hallan en Estados Unidos, bajo control de sus corporaciones o directamente del Estado. En realidad, internet es una red hipercentralizada de miles de redes, compuesta de rutas y equipamientos interconectados y sólo las grandes corporaciones en sus sedes de las principales ciudades del mundo poseen los recursos técnicos y la capacidad financiera para la innovación tecnológica y el control de estas costosas redes.

Por otra parte, el desarrollo de los avances tecnológicos, aplicados a los transportes y el fomento de las infraestructuras permitió, junto con la ausencia de grandes conflictos bélicos y un orden internacional estable, la instauración de un activo comercio global. Toda una red de vías marítimas, rutas aéreas e infraestructuras terrestres puso en contacto a los diferentes puntos de producción y distribución del planeta. Por esta red se desplazaban las mercancías y los servicios que se ofertaban en el mercado. Además, la liberalización del comercio internacional pudo estimular la innovación y el desarrollo tecnológico, ayudando a que se difundiera el conocimiento, los procesos de aprendizaje y la inversión en I+D12.

La intensificación de las relaciones comerciales facilitó el acceso a complejos de recursos inéditos y más baratos. También favoreció la promoción de nuevas regiones como espacios dinámicos de acumulación de riqueza. Las corporaciones adoptaron estructuras globales para adaptarse a la nueva situación. Durante los años noventa, la apertura de los intercambios comerciales favorecieron el crecimiento económico a nivel global. La moderación de la inflación permitió políticas monetarias con tasa de interés bajo que estimularon los créditos y la actividad económica. La abundancia de ahorro a nivel mundial favoreció la acumulación de capitales inversores. Además, la oferta mundial de mano de obra barata redujo de forma considerable los costes de producción. Por todo ello, el proceso de globalización mejoró el poder adquisitivo del consumidor del centro del sistema, gracias a los bajos precios de los productos importados, lo cual generó un efecto riqueza temporal.

Sin embargo, a la larga, no todo fueron beneficios de la apertura en el comercio. La nueva escena global aumentó la competencia entre todos los actores globales y, en general, entre la mayoría de las personas. Tanto en la producción, como en el comercio, la competitividad a nivel global entre los actores era intensa y no se daba en condiciones de igualdad. Los actores que se integraban a la producción y el comercio global con un capital físico y humano menor, puede que nunca llegasen a converger con los más desarrollados. La competición en condiciones de desigualdad favorecía a los actores más desarrollados. Por tanto, los Estados y corporaciones menos desarrollados competían con un hándicap tecnológico inicial, lo que les hacía especializarse en actividades productivas tradicionales que tenían un crecimiento y una productividad menores, mientras que para los más desarrollados las ganancias eran mucho mayores y, por tanto, su crecimiento más rápido y su competitividad mayor. Por lo que, la reorganización global tendía a acentuar las diferencias y desigualdades existentes a nivel global. Esta competición desigual es uno de los principales argumentos para deslegitimar el proceso de globalización y su reorganización productiva y comercial.

En realidad, si bien la tecnología fue un factor de impulso decisivo, el proceso de globalización se originó en un conjunto de decisiones políticas promovidas por Estados Unidos, que, poco a poco, fueron ganando mayores apoyos entre los actores del sistema internacional. La expansión del proceso de globalización supuso la ampliación espacial del sistema económico y político que lideraba Estados Unidos durante la Guerra Fría. La incorporación de regiones enteras del planeta al proceso de globalización se efectuó con el derribo de las barreras arancelarias y a través de los canales financieros desregulados. La "terapia de choque" aplicada a los antiguos Estados comunistas, de acuerdo con las potencias del centro del sistema y los OIGs13 económicos, supuso una importante redistribución de activos en el sistema económico internacional. Del mismo modo, las posteriores crisis financieras durante la Globalización favorecieron una nueva oleada de redistribución de activos que fueron cambiando las relaciones de poder y el propio sistema internacional.

Algunos bautizaron al nuevo sistema internacional como la "aldea global14". Este sistema era, al mismo tiempo, la causa y consecuencia del proceso de globalización. Básicamente, en lo que consistía este proceso era en la interconexión de los focos de riqueza y poder, a través de una mayor apertura exterior de los Estados. Esto favorecía una mayor movilidad e intercambio de los bienes y servicios que se producían, de los trabajadores, del capital que se ahorraba y de las tecnologías que se desarrollaban. En este panorama se hacían necesarias nuevas infraestructuras con nuevas redes de transporte y comunicación, pero también nuevas instituciones políticas y jurídicas de ámbito global. Las necesidades de defensa y seguridad globales también se reorganizaron en respuesta a los nuevos fines, así como los sistemas educativos, científico-culturales, las relaciones familiares e individuales y las formas de vida en general.

El despliegue de las complejas redes del proceso de globalización generó intensas circulaciones de capitales, de conocimiento, de materias primas, de componentes separados, productos acabados, etc. En este intercambio a nivel mundial el papel protagonista lo ostentó el centro del sistema con sus grandes corporaciones que acapararon la mayor parte del comercio y la inversión. La mayoría de los medios de producción en los Estados de la periferia se encontraban en estadios de desarrollo inferiores, por lo que los productores de la periferia, la mayoría de las veces, no podían competir con los del centro del sistema. Por tanto, la liberalización comercial no vino acompañada necesariamente de crecimiento económico en muchas áreas del planeta. En algunos casos concretos, la incorporación al proceso de globalización se tradujo en empobrecimiento.

El proceso de globalización abrió un nuevo espacio geográfico que favoreció la expansión financiera y económica15. Los excedentes generados en la esfera capitalista pudieron traspasar las barreras geográficas causadas por la Guerra Fría e invertirse en la producción e intercambio de mercancías o la construcción de infraestructuras dentro del nuevo espacio territorial. Esta expansión financiera, como veremos más adelante, se tradujo en un crecimiento económico durante la década de los noventa. De esta manera, los excedentes de capital acumulados, que estaban amenazados por la depreciación, encontraron posibilidades de inversión rentable en la ampliación del proceso de globalización.

Los Estados de la periferia obtuvieron inversiones del centro cuando las diferencias en el coste de la mano de obra hacían rentable la producción en su territorio; o cuando la emergencia de sus clases medias podía provocar un auge de la demanda e incrementos de los beneficios en las ventas. Esto benefició a algunos Estados de la periferia que reunían estos requisitos indispensables para la inversión. Sin embargo, los Estados más atrasados que requerían mayores inversiones y un proceso de amortización de la inversión más prolongado, quedaron excluidos de la agenda de los inversores. Por otra parte, los flujos de dinero caliente podían entrar en las economías nacionales tan rápidamente como podían salir. La salida de estos capitales se convirtió, de hecho, en la principal causa que originaba el torbellino de las crisis financieras que se desarrollaron en el período de la Globalización.

El doble proceso de unificación de los mercados a escala global y el proceso de regionalización socio-político atizó las frustraciones sociales y nacionales. Estas frustraciones se transformaron en una moderna oleada emancipatoria como no se veía desde los años de la descolonización, a mediados del siglo XX. Estas modernas aspiraciones a la soberanía encontraron su legitimidad en los mitos ancestrales de los orígenes comunes que ofrece la cultura y la religión. De donde surgió una tendencia que atraviesa todo el período de la Globalización y que fue desembocando en multitud de conflictos étnicos y religiosos. El derecho a la autodeterminación de distintos colectivos que reclaman su propio espacio de soberanía frente a los límites impuestos por un Estado, se convirtió en la principal fuente y excusa de conflictos.

La globalización financiera

El sistema económico capitalista de la Guerra Fría adolecía de un mal estructural conocido como, el problema de la "sobreacumulación de capitales"16. Este mal se genera cuando los beneficios provenientes de la actividad económica son cuantiosos y tienen dificultades para encontrar inversiones rentables que proporcionen una ganancia. Si los beneficios obtenidos de la actividad económica se inmovilizan largo tiempo, se exponen a la devaluación por la erosión de la inflación o fluctuaciones en la moneda. De modo, que los propietarios de este capital buscan mantener en movimiento el capital, a través de inversiones. Si esas inversiones son rentables, pueden obtener intereses y una revaluación del valor de su capital.

En los años setenta el sistema económico sufrió una grave crisis de sobreacumulación debido al abandono del dólar del patrón oro en 1971. Entonces, bajo la doctrina neoliberal, se diseñó un circuito financiero global que pudiera absorber todos estos capitales procedentes del beneficio generado por la actividad económica y distribuirlos por todo el mundo a donde fueran necesarios y produjeran rentabilidad. De esta forma, se resolvía el problema de la sobreacumulación y se facilitaba el acceso a la financiación de la producción y el comercio en todo el mundo. Para facilitar la circulación de estos capitales y las facilidades a la hora de tramitar los contratos de financiación, se desreguló y liberalizó todo el sistema financiero en los años ochenta.

Durante estos años el gobierno de Estados Unidos impulsó una expansión financiera de alcance internacional con la firma de diferentes acuerdos con la Unión Europea y Japón, y la adopción de medidas liberalizadoras y desreguladoras de los mercados financieros que generaban condiciones favorables para una dilatación de la deuda pública y privada a nivel global. Esta estrategia perseguía evitar la depresión económica de los años setenta y restaurar la rentabilidad de la actividad económica en el centro del sistema internacional. El derrumbe de la Unión Soviética y el comienzo de la Globalización permitieron la extensión de la expansión financiera a todo el planeta y el comienzo del proceso de globalización financiera.

Esta expansión financiera aumentó el volumen de la IDE17 que circulaba por el mundo. Buena parte de estas inversiones se dirigieron a los mercados de acciones de las corporaciones, lo cual incrementó su precio y favoreció el crecimiento de éstas. Así fue, sobre todo, en los períodos de finales de los noventa y luego entre 2005 y 2007. A mediados de los años noventa, hubo otro impulso a la expansión financiera. Durante el gobierno de Clinton, en 1995, se firmó el acuerdo del "Plaza Inverso"18 entre las potencias del G-7, que revitalizó la tendencia original y consolidó a Estados Unidos en el centro del sistema financiero internacional. Este primer ciclo expansivo finalizó con la crisis financiera derivada de la explosión de la burbuja que se había formado en torno al precio de los valores de las corporaciones dedicadas a las comunicaciones ("crisis punto.com") entre 2000 y 2001.

Posteriormente, entre 2002 y 2007, el gobierno de Bush impulsó otra expansión financiera que concentró las inversiones en torno a los activos inmobiliarios. Esta expansión culminó también con una crisis financiera derivada de otra burbuja de precios relacionada con los títulos bursátiles obtenidos en el mercado hipotecario. El tamaño de estas crisis financieras se fue incrementando a medida que lo hacía el volumen de capitales involucrados. Además, ejercieron un efecto acumulativo de contracción con respecto a las expansiones financieras. El volumen de la IDE alcanzó su máximo en el año 2007 con 1,79 billones de dólares y a partir del estallido de la burbuja inmobiliaria, la expansión se tornó en estabilización y más tarde contracción con la crisis financiera del 200819.

El centro del sistema fue el principal beneficiado, tanto política como económicamente, de las expansiones financieras, ya que la mayor parte de la IDE se dirigía a los Estados del centro20. Principalmente, a Estados Unidos que ocupaba la posición central y a sus corporaciones que estaban mejor situadas en la competición para recibir los flujos de crédito global21. En concreto, en el período de 1991 a 1998, Estados Unidos recibió un total de 521 mil millones de dólares en IDE en comparación con los 270 mil millones que se invirtieron en la periferia del sistema22.

El flujo de inversiones hacia New York impulsó la cotización del dólar, aliviando la tendencia de los tipos de interés y facilitando de nuevo el endeudamiento masivo. Japón y otros Estados del Sudeste Asiático fueron los principales inversores durante los años noventa. Tras la crisis del Sudeste Asiático, China se convirtió en el principal inversor. De esta forma, Estados Unidos se reafirmó como el pivote central de la actividad del sistema financiero internacional y como la potencia militar indispensable que aseguraba el orden. La hegemonía estadounidense era incuestionable, ya que el resto del mundo aceptaba este ordenamiento global y reconocía el papel de Estados Unidos.

Los acuerdos internacionales por la libertad de circulación de capitales dotaron al capital global de una amplia movilidad, que obligó a los Estados a competir por la captación de las inversiones y de los créditos. Pocos eran los elegidos, tan sólo los que ofrecían un rendimiento alto a las inversiones. Las regiones de la periferia como Iberoamérica y Africa sufrieron la desventaja de tener que competir con los mercados estadounidenses para atraer las inversiones foráneas. Por ejemplo, en 1999, diez Estados de la periferia recibieron, ellos solos, el 80% de la IDE dirigida a la periferia23.

La liberalización financiera permitió la libertad del movimiento de los capitales a nivel global. Cuando los capitales excedentarios no eran reinvertidos en el mismo lugar donde se generaron, por motivos de rentabilidad, entonces buscaban otros lugares donde encontrasen una inversión más rentable24 y así, escapar a la devaluación. Por lo que el sistema financiero global está sometido a una continua necesidad de expansión y búsqueda de rentabilidad desde su creación. Precisamente, esta búsqueda de nuevos mercados donde invertir los capitales excedentarios es la fuerza que impulsa a todo el sistema económico y es el principal motor que expande el proceso de globalización con su asimilación de nuevos territorios e interconexión de centros de desarrollo que aporten nuevos activos e inversiones rentables.

La libre circulación de capitales se señaló como beneficiosa, ya que creaba canales a través de los cuales el dinero fluía y activaba la producción y el mercado, generando mayor riqueza y bienestar. Asimismo, saldrían ganando la gran mayoría de los ciudadanos del mundo, en tanto en cuanto pudieran tener acceso al crédito, ya que podrían acceder a mayores flujos de capital y a un coste menor, con lo que podrían endeudarse para consumir más e invertir en bienes duraderos. Otra ventaja que obtendrían los ciudadanos del mundo sería en su faceta como consumidores de bienes y servicios, ya que gracias a la creciente competencia, podrían acceder a comprar un mayor número de bienes y servicios, de mejor calidad y a menor precio, que los que conseguían antes de expandirse la globalización financiera. Esto haría que mejorasen su renta disponible y su capacidad de compra y salieran claramente beneficiados25.

En cuanto a la globalización financiera, se formó una compleja red cibernética que alcanzó el ámbito global y por la que se desplazaba el dinero a la velocidad de la luz y bajo las únicas limitaciones que imponían el mecanismo de los precios y las operaciones de mercado. La desregulación financiera y la revolución de las tecnologías de la información permitieron la desmaterialización y una ubicuidad total de las finanzas. Los principales centros financieros se hallaban en el centro del sistema, en Estados Unidos, Unión Europea y Japón. La globalización financiera tejió un circuito que integraba la plataforma bursátil europea con la bolsa de New York y la bolsa de Tokyo.

Por otro lado, la desregulación de los mercados financieros y el surgimiento de un circuito financiero organizado en red, compartido por todos los operadores financieros, permitiría la distribución de los excedentes financieros a cualquier rincón del globo, donde pudieran invertirse. La aplicación de las nuevas tecnologías informáticas transformó el funcionamiento de los mercados financieros, que incrementaron, de forma extraordinaria, la rapidez de las transacciones y su compensación y liquidación. Las transacciones diarias en el mercado de divisas aumentaron desde 15.000 millones de dólares en 1973 a tres billones de dólares a comienzos del siglo XXI, es decir 200 veces más en veinte años26.

Sin embargo, la armonización de los mercados financieros estaba muy lejos de ser una realidad, como lo demuestra la volátil convergencia de los tipos de interés27. Por lo que, la desregulación fomentó el auge de las inversiones especulativas, como veremos más adelante, que aprovechaban los diferenciales de precios para obtener rentabilidad. De tal forma que la expansión financiera, que fue beneficiosa para el sistema durante la década de los noventa, se convirtió en perniciosa al desviar sistemáticamente la inversión creadora hacia el atesoramiento y la especulación en un proceso de "financiarización28" de la economía, como veremos también más adelante.

Uno de los principales beneficiados por la expansión financiera fueron las corporaciones que aprovecharon la subida del precio de los valores en la bolsa y el relajado régimen crediticio29 para endeudarse comprando masas de acciones bursátiles, ya fuera para llevar a cabo fusiones y absorciones o recomprar sus propios títulos en circulación. El aumento en la demanda propulsó el incremento de las cotizaciones. Este alza de las cotizaciones aumentaba la capacidad de otorgar garantías de las corporaciones, facilitando su endeudamiento y haciendo que la expansión financiera se retroalimentase e impulsase el despegue del sistema económico. Sin embargo, la euforia inversora llevó a las corporaciones a invertir muy por encima de lo que les permitían sus activos y beneficios reales30. Este tipo de operaciones llegaron a alcanzar un volumen de 1,6 billones de dólares en la Unión Europea y 1,8 billones en Estados Unidos en 200731.

La expansión financiera benefició a los agentes financieros, ya que surgieron nuevos huecos de mercado altamente rentables para los intermediarios financieros, encargados de canalizar y distribuir el crédito. El protagonismo que ganaron las grandes corporaciones financieras, actuando como agentes de la circulación del dinero, no se veía en este momento como un problema, sino al contrario. La mayor competencia e innovación financiera lograrían un mayor desarrollo de los mercados financieros y aumentaría el crecimiento potencial de las economías al reducir el coste del capital, al aumentar su rentabilidad y al reducir el riesgo por la diversificación de las inversiones.

Sin embargo, de manera inadvertida, las corporaciones financieras pasaron a ocupar un lugar central en el sistema que hacía sombra a los propios Estados. Gracias a su posición distribuidora de las inversiones y de la libertad de acción que gozaban, podían interferir en las decisiones políticas de los gobiernos. Las corporaciones financieras gozaban de plena libertad a la hora de elegir donde invertir el dinero y sólo escogían los lugares más rentables. Con el argumento de que los inversores rehuían aquellos Estados que seguían políticas económicas y fiscales que mermasen la rentabilidad de su inversión o fueran inseguros económicamente, las corporaciones financieras tenían el poder de adjudicar financiación de una manera discrecional.

De ahí se derivaba una limitada capacidad de maniobra de que disponían los gobiernos a la hora de diseñar su política económica, si querían atraer a los inversores. Los gobiernos debían seguir los dictados de los agentes financieros, acomodando las políticas económicas y fiscales de modo que incrementaran los beneficios de los inversores. En la competencia por atraer a los inversores, los Estados renunciaban a la mayor parte de sus ingresos fiscales sobre las ganancias del capital. En poco tiempo, el desarrollo de las políticas, tanto de pleno empleo, como de universalización del Estado del bienestar, quedaron obsoletas, ya que disminuían los beneficios de los inversores.

La principal consecuencia de la globalización financiera en el ámbito político fue que propició el surgimiento de nuevas configuraciones de poder, que socavaron el poder de los Estados. La consecuencia en lo social fue que produjo dislocaciones sociales que provocaron movimientos de resistencia y rebelión protagonizados por los grupos más perjudicados económicamente. Por tanto, en última instancia la globalización financiera exacerbó la competencia económica, ya que la búsqueda de incremento en los beneficios, sumado a la competitividad, no hizo mas que dotar de una personalidad nómada al problema de la sobreacumulación de capitales. Ahora los inversores debían buscar incesantemente rentabilidad a lo largo del circuito financiero. Pero además, atizó los conflictos sociales y las rivalidades interestatales hasta niveles que amenazaban sobrepasar la capacidad hegemónica del centro del sistema.

En el largo plazo, la expansión financiera de los noventa y el efecto de la crisis global de 2008 tuvo como consecuencia el que los Estados del centro quedaran presos del endeudamiento, ya que abusaron en mayor medida de este recurso, mientras que las potencias de la periferia (BRIC) que reinvirtieron en su desarrollo obtuvieron un superávit creciente32 y lograron saldar sus deudas. Esta evolución inversa significó una creciente dependencia del centro del sistema del crédito y las inversiones procedentes de la periferia.

El Consenso de Washington

En 1989 se promulgó el "Consenso de Washington". Se trataba de un listado de políticas económicas que los más importantes organismos económicos mundiales, como el FMI y el BM, en colaboración con el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, consideraban en aquel momento el mínimo exigible para una "buena salud económica" global33. En realidad, este conjunto de recomendaciones eran un paquete de políticas económicas que los gobiernos debían aplicar para garantizar la expansión del proceso de globalización en torno a Estados Unidos. Para vencer posibles resistencias, las recomendaciones se convertían en exigencias cuando un gobierno pretendía obtener ayuda o préstamos del FMI, el BM, la banca privada u otros organismos similares alineados con dicha política.

El listado completo de políticas giraba en torno a tres ejes principales: privatización de las empresas públicas; desregulación del sistema financiero y libre comercio; recortes del gasto público del Estado. Estas políticas buscaban abrir las economías nacionales a un sistema económico global sin barreras para las finanzas ni el comercio. Además, incrementaban el campo de acción de las corporaciones que ya no se verían limitadas por las fronteras, al mismo tiempo que reducían drásticamente el poder de los Estados que se verían reducidos a compartir el protagonismo en la esfera internacional con otros actores de similar relevancia.

También contemplaban la aplicación de una disciplina fiscal, que incluía una reforma impositiva para desmantelar los impuestos progresivos. La liberalización de las tasas de interés y la aplicación de una tasa de cambio competitiva adaptada al valor del dólar. También incluía una revisión de la legislación con respecto a los derechos de propiedad, con el fin de robustecer las garantías sobre la propiedad privada. Todas estas medidas eran la aplicación práctica de los planteamientos ideológicos neoliberales al sistema económico global. Estas políticas defendían, por encima de todo, los intereses de la comunidad financiera internacional, a la cual preocupa el avance de la inflación que devora el valor de los capitales, y también los intereses de la comunidad empresarial preocupada por el respeto a la propiedad privada. Otros problemas como el desempleo que preocupa a los trabajadores y el respeto de la libre competencia en los mercados que preocupa a los consumidores, quedaron en un segundo plano.

El Consenso de Washington pretendía ser la aplicación del capitalismo financiero al proceso de globalización de finales del siglo XX y principios del siglo XXI34. Un capitalismo que ensalzaba la figura del inversor por encima de la del productor. El inversor era el principal protagonista en la creación de la riqueza. Las recomendaciones del Consenso de Washington iban revestidas con el manto técnico y científico que avalaban los autodenominados "economistas serios" del momento. En la realidad, se sustentaban en un planteamiento ideológico que había cobrado fuerza en los últimos años de la Guerra Fría, sobre todo en Estados Unidos y Gran Bretaña, y que negaba los beneficios del modelo del Estado del Bienestar, que había sido la herencia keynesiana desde el final de la II Guerra Mundial.

Este paquete de políticas económicas fue generalizándose entre los Estados, ya fuera de manera voluntaria o por la imposición forzada de programas de ajuste estructural que eran elaborados por los técnicos del FMI y el BM. Estos programas se elaboraban cuando un Estado acudía a dichos organismos en busca de préstamos y ayudas. Entonces, el FMI y el BM imponían como condición indispensable para la concesión de la ayuda, la modernización de su economía nacional y su acople al sistema global, para lo cual elaboraban todo un programa de ajuste estructural que conllevaba un conjunto de políticas económicas destinadas a armonizar su economía con el Consenso de Washington. El paquete de políticas eran de tipo microeconómicas y macroeconómicas y giraban en torno a los tres ejes principales del Consenso de Washington (privatizaciones; desregulación y libre comercio; recortes presupuestarios)35.

El Consenso de Washington promovía la necesidad de derogar las políticas reguladoras del comercio exterior y de la movilidad del capital, ya que obstaculizaban el desenvolvimiento del proceso de globalización. Así, se aconsejaba el libre comercio y la libre movilidad de capitales con la mínima intervención del Estado. Combatir la inflación, reducir los déficits presupuestarios, mantener políticas monetarias restrictivas, profundizar la flexibilidad del trabajo y desmantelar el Estado del Bienestar, como las medidas prioritarias que consolidarían un nuevo ordenamiento global.

Para formalizar los acuerdos del Consenso de Washington, institucionalizar sus políticas y asegurarse de su aplicación, el gobierno de Estados Unidos impulsó, con la ayuda de la Unión Europea, una serie de reformas en los principales OIGs que trataban los asuntos económicos internacionales. Los OIGs, actuaron como una herramienta de la gobernanza al servicio de los intereses de Estados Unidos y la Unión Europea. El carácter internacionalista de estos organismos dotó de legitimidad al proceso. Por ello, los OIGs que administraban las cuestiones económicas a nivel mundial fueron sometidos a una profunda reforma que dirigía sus políticas a la consecución de los objetivos del Consenso de Washington.

Los Estados que desearan participar en la dinámica del proceso de globalización deberían acatar las condiciones impuestas por los OIGs. Si un Estado se negaba a aceptar el nuevo orden económico, quedaría excluido del proceso de globalización y se arriesgaba a ser expulsado de los circuitos económicos internacionales, ya que la inclusión del Estado se realizaba a través de la participación en las mismas OIGs.

El gobierno de Estados Unidos impulsó cuatro campañas vinculadas entre sí y concebidas para cambiar los programas del FMI, la OCDE y la OMC. En las reuniones del FMI y el BM en Hong Kong en 1997, se aprobó definitivamente el cambio en el programa del FMI para comprometer a la organización con el total desmantelamiento de los controles en la cuenta de capital de todos los Estados, permitiendo que los flujos de dinero pudieran entrar y salir libremente de los Estados.

También en 1997, se firmó el acuerdo sobre la liberalización global de los servicios financieros en la OMC. Este acuerdo obligaba a los Estados miembros a reconocer la completa libertad de los agentes financieros para operar en cualquier sistema financiero con los mismos derechos que los agentes locales. Este acuerdo también permitió reestructurar toda la organización de los mercados de títulos para adecuarlos a un funcionamiento en red de ámbito planetario. Además, comenzó la controvertida discusión en torno a la protección de los monopolios tecnológicos (derechos de propiedad intelectual).

En la OCDE se aprobó, en 1998, como condición indispensable para la admisión de un nuevo socio en la organización, la eliminación de los controles en la cuenta de capital y en el movimiento de los agentes que prestan servicios financieros. Por otro lado, se negoció la inclusión de un paquete de reglas, conocido como el Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI), que otorgaría completa libertad a las corporaciones para penetrar en las economías nacionales y comprar las empresas locales, decidir sus propias operaciones y dominar los mercados locales de productos. Sin embargo, este acuerdo no llegó a firmarse debido a la oposición de Francia que temía al poder de las corporaciones estadounidenses.

De esta manera, los OIGs actuaron como agentes reorganizadores de todo el sistema económico global. De la misma manera se hizo evidente que los OIGs no eran autónomos y que los Estados más poderosos los controlaban según cuales fueran sus intereses. Por tanto, los OIGs actuaban como fuerzas supraestatales para la mayoría de los Estados miembros, pero no para todos. No para los Estados más poderosos que tenían la capacidad de influir en ellas o ignorar sus decisiones. Estados Unidos, por ejemplo, podía bloquear los asuntos que le disgustaran de las agendas del FMI, BM, OCDE, etc. Podía ignorar las decisiones tomadas en la OMC si las consideraba "injustas" y cuando lo considerase oportuno podía establecer acuerdos bilaterales al margen de la OMC, en flagrante violación de sus principios fundadores.

En realidad, esta reestructuración del sistema económico era un diseño que pretendía otorgar a las principales potencias la capacidad de reorganizar las relaciones sociales de producción internas de los demás Estados, en función de sus intereses. Los aspectos fundamentales eran: a) Reemplazar las estrategias industriales nacionales de desarrollo basadas en la sustitución de las importaciones y el crecimiento del mercado interno, por una estrategia basada en la inversión directa de las corporaciones del centro del sistema y en las exportaciones de los Estados de la periferia al mercado global. b) Sustituir los sistemas financieros nacionales por mercados financieros internacionales desregulados con importante presencia de los agentes privados provenientes del centro del sistema. c) Desplazar a los Estados de la propiedad de los activos económicos y dejarlas en manos del capital privado. d) Flexibilizar y desregular los mercados de trabajo para atraer las inversiones extranjeras. La aplicación de estas políticas no impedía el crecimiento, pero condenaba a la política económica local a supeditarse a los intereses de las fuerzas del mercado global. Por tanto, limitaba la soberanía de los pueblos a la hora de decidir su destino.

La política económica de puertas abiertas en la Globalización, por tanto, servía a los intereses de las grandes potencias, porque permitía a sus agentes económicos, las corporaciones, introducirse en las economías nacionales sin ningún esfuerzo, por medio de sus productos y su capitales. Las consecuencias macroeconómicas de esta apertura permanecían bajo la tutela de las dóciles instituciones financieras internacionales que seguían los dictados del centro del sistema. La promoción del sistema democrático a nivel mundial tenía un sentido en cuanto que los Estados democráticos podían servir mejor a estos objetivos, puesto que son más permeables que cualquier otra forma de sistema político, y pueden asumir más fácilmente las políticas de ajuste armonizándolas con los demás Estados conectados al proceso de globalización. De tal forma que, el proceso de globalización fue el resultado de una reforma política enérgicamente dirigida por los Estados del centro del sistema, especialmente Estados Unidos, para imponer nuevos regímenes institucionales globalizados, nuevas parcelaciones territoriales, nuevas reglas comerciales y jurídicas internacionales.

Durante la década de los noventa, el centro del sistema creció gracias al rápido aumento de las exportaciones hacia la periferia del sistema que se incrementaron a un ritmo sostenido gracias a la expansión financiera. Sin embargo, la desregulación y la liberalización del sistema financiero, que hicieron posible la expansión financiera, generaron una secuencia de crisis financieras que se convirtieron en estructurales e intrínsecas al sistema económico. Mientras la incidencia de estas crisis se limitaba a la periferia del sistema (México, Indonesia, Rusia, Brasil, Argentina, etc.), el centro del sistema todavía podía obtener un beneficio con los planes de ajuste y las privatizaciones del sector público. En cuanto estas crisis se trasladaron al centro del sistema (2000, 2007, 2008), paralizaron su crecimiento económico, e incluso, sus efectos comenzaron a mermar su preponderancia económica.

1 Tilly, Charles (1992). Coerción, capital y los Estados europeos, 990-1990. Alianza. Madrid.

2 Wallerstein, Immanuel. (2007). El moderno sistema mundial I, II, III. Siglo XXI. México D.F.

3 Harvey, David (2007). El nuevo imperialismo. Akal. Madrid.

4 Como explica Harvey, 2007.

5 Castells, Manuel (2001). La Era de la Información. Vols. I, II y III. Alianza. Madrid.

6 Gowan, Peter (2000). La apuesta por la Globalización. Akal. Madrid.

7 Arrighi, Giovanni/ Silver, Beverly J. (2000). Caos y orden en el sistema-mundo moderno. Akal. Madrid. Todd, Emmanuel (2003). Después del imperio. Foca. Madrid.

8 Como expone Castells, 2001.

9 Por corporaciones nos referimos a grandes empresas transnacionales.

10 Organizaciones No Gubernamentales.

11 Aplico la teoría del Análisis sistema-mundo (Wallerstein, Arrighi, etc.) que diferencia dentro del sistema internacional entre el centro dinámico y dominador, y la periferia adaptada a las dinámicas que emanan del centro.

12 Investigación + Desarrollo.

13 Organismos Inter Gubernamentales.

14 Este es uno de los términos favoritos empleados por los defensores del proceso de globalización para referirse al sistema global.

15 Harvey, 2007.

16 Como ya hemos visto, la teoría de la tendencia a la acumulación del capital ha sido desarrollada por numerosos autores y entre ellos citaremos a: Marx, Karl (1980). El Capital. Vol. I. Siglo XXI. México. Solow, Robert M. (1992). La teoría del crecimiento. FCE. México.

17 Inversión Directa Extranjera.

18 Se lo denomina así por ser una renovación de los términos acordados en el "Acuerdo del Plaza" en 1985.

19 El volumen de IDE a nivel global varió de 0,18 billones de dólares en 1989; a 0,33 billones en 1995; a 0,74 billones en 2000; a 0,93 billones en 2003; a 1,79 billones en 2007; a 1,77 billones en 2009. Son dólares de 2010. Fuente: UNCTAD, 2010. http://unctadstat.unctad.org/TableViewer/tableView.aspx?ReportId=89 (28/05/2011).

20 Durante 1999 el centro absorbió el 74% de la IDE y los Estados de la periferia el 26%. Palomo, Aleksandro (2008). La crisis de los valores en la Globalización. VDM. Saarbrücken.

21 En la década de los noventa la afluencia de IDE a Estados Unidos aumentó de 30 mil millones de dólares en 1991; a 57 mil millones en 1995; 202 mil millones en 1998; y 275 mil millones en 1999. Esto significaba que ese Estado recibió la tercera parte de toda la IDE que se repartió en el mundo y el 43% de la que se destinó al centro del sistema. Robinson, William I. (2007). Una teoría sobre el capitalismo global. Desde abajo. Bogotá. (p. 40).

22 Robinson, 2007.

23 Palomo, 2008.

24 Los especialistas en el sector hablan de la "norma del 15%" para considerar rentable una inversión.

25 Dehesa, Guillermo de la (2004). Comprender la Globalización. Alianza Edt. Madrid.

26 Datos: Dehesa, 2004.

27 La integración financiera se mide observando las salidas netas de los países exportadores de capital y las entradas netas de los países importadores. Otra forma, es ver cuanto representan las inversiones directas en el extranjero en relación con las inversiones directas nacionales.

28 La financiarización de la economía consiste en un proceso en el que el sector financiero comienza a dominar y determinar el funcionamiento del sector productivo. Esta nueva configuración de las relaciones entre ambos sectores es lo que se denomina como "financiarización de la economía".

29 Las líneas de crédito a las corporaciones aumentaron sin cesar y llegaron a alcanzar un incremento del 20% anual en Estados Unidos y un 15% en la Unión Europea. Artus, Patrick/ Virard, Marie-Paule (2009). Globalización, lo peor está por llegar. Icaria-Intermón Oxfam, Barcelona. (p. 109).

30 Brenner, Robert (2003). La expansión económica y la burbuja bursátil. Akal. Madrid.

31 Artus/ Virard, 2009. (p. 109).

32 En 2008, las reservas de cambio de las potencias de la periferia rondaban los 4 billones de dólares. China acapara 1,7 billones y los Estados de la OPEP 1,2 billones.

33 En concreto, son diez propuestas: disciplina en materia de défict público; redefinición de las prioridades en materia de gasto público; reforma fiscal en beneficio de los impuestos al capital; liberalización de las tasas de interés; adopción de tasas de cambio competitivas; liberalización de los intercambios comerciales internacionales; liberalización de las inversiones directas extranjeras; privatización de las empresas públicas y el sector público; desregulación de los mercados y supresión de las barreras aduaneras; protección de los derechos de propiedad.

34 Robinson, 2007.

35 Robinson, 2007.

Bibliografía

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UNCTAD, 2010: http://unctadstat.unctad.org/TableViewer/tableView.aspx?ReportId=89 (28/05/2011).

Author affiliation:

Aleksandro Palomo Garrido

Facultad de Ciencias Políticas y Sociales

Universidad de Colima, México

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